Aparentemente para muchos y muchas, atrás quedó el modelo de familia clásico. Un papá trabajando y una mamá en la casa, preocupada de los quehaceres del hogar y de la crianza. Pero por más lejano que nos pueda parecer el modelo en la teoría, en la práctica todavía es reconocible y probablemente más frecuente de lo que esperamos las mujeres. Como que en la mente masculina, sigue la idea de que el hombre tiene la condición física que se requiere para ir a cazar animales feroces y caminar kilómetros, lo cual: Ojo, también es una carga para ellos.

Cuando se concibe el proyecto de familia, muchas veces lo que sucede es la réplica feliz del edén. Casi sin cuestionarlo hombres y mujeres asumimos los roles que hemos distinguido desde nuestra niñez, así aquellas que tenían una madre trabajadora no conciben ser “dueñas de casa” y las hijas de dueñas de casa no conciben “abandonar a sus hijos en una sala cuna”. En efecto, casi siempre es la mujer la que se ve en “jaque” y opta por su desarrollo personal y/o profesional o el desarrollo de sus hijos en la crianza. Los hombres, en su mayoría, ni siquiera pasan por éste análisis, ellos siguen trabajando, como siempre lo hicieron sus referentes masculinos.

Recuerdo con claridad a muchas mamás del programa de atención temprana en el que trabajé en un Centro de Salud Familiar de Coquimbo, cuando conversando y respondiendo a mis preguntas, me decían: No es que no me guste estar con mi hija, pero es que todo el día. Casi siempre, esa excusa inicial, como diciendo: No me vayas a malentender, no es que no quiera a mi hijo, peeero. Y siempre está ese “pero” que resume la necesidad de la mujer por optar a espacios de desarrollo personal, en cualquiera de sus dimensiones: Estudio, trabajo, artesanía,  etc. Pero el gran “pero” es enfrentar la realidad, en general, parejas que cuestionan este afán por desarrollarse y para quienes, como hijos de madres “dueñas de casa”, la mujer debe estar en la casa y cuidar de los niños. Pero esto no sucede sólo en Chile, una amiga australiana con la que conversaba hace un tiempo me contaba que ella, con su hija de tres años, incluso sentía culpa y se complicaba por contarle a su mamá que volvería a trabajar. Sentía que su mamá la iba a cuestionar por no seguir su ejemplo de madre a tiempo completo. Las pautas de crianza que se transmiten de generación en generación, si bien muchas veces son un gran apoyo a la crianza, pueden resultar muy castigadoras si la sucesora no quiere o no siente que debe seguir algunas de las pautas establecidas por sus antecesoras.

Por otra parte, si bien la cobertura de salas cunas y jardines infantiles ha mejorado sustancialmente en Chile, la calidad de la educación preescolar aún es tarea pendiente para muchas instituciones, si sumamos esto a las noticias tormentosas sobre algunas de las prácticas en ciertas salas cunas y consideramos que un modelo de educación alternativo generalmente es poco accesible, ya sea por costo (el valor puede ser igual o superior al sueldo) o la ubicación. Es esperable y casi lógico, que  muchas mujeres opten a cuidar de sus hijos a tiempo completo, la pregunta es: ¿Qué otras opciones tenemos? La primera vez que conversamos de esto con mi compañero, fue un gran tema, por una parte yo no podía dejar de trabajar en ese momento porque no tenía contrato (realidad frecuente en muchos países, sobre todo con mujeres en edad fértil) y necesitábamos de mi ingreso económico, por otra parte había que amamantar y estar dedicado 100% al nuevo ser humano.  Nosotros decidimos compartir el cuidado de nuestro hijo, prácticamente desde su nacimiento. Esto nos significó buscar un buen sacaleche e ir aprendiendo en conjunto. Así fue como, aquello que comenzó por una necesidad económica, se fue transformando en un modelo por opción. Un modelo de crianza que nos ha entregado profundas satisfacciones. Y no crean que es fácil, por una parte está nuestra propia intensidad femenina que, en el afán de hacer las cosas perfectas, muchas veces no damos el espacio para que el otro participe. Recuerdo las primeras veces que mi compañero mudó a mi hijo, y yo al lado mirando iba dirigiendo, “más rápido que le va a dar frío” “no, no, no la crema se pone por acá” y un montón de recomendaciones que no tenían sentido, porque él no iba a ser las cosas como yo y el hecho de que nuestro hijo se criara con formas distintas es profundamente saludable para entender desde pequeño los matices entre las distintas personas, se va construyendo una relación distinta y respetuosa de la diversidad.

El otro punto importante, es que el hombre debe ir limpiándose también de sus propios condicionamientos y las expectativas que se ponen sobre él como el “macho proveedor”, no es raro escuchar que un padre que se dedica a la crianza es cuestionado por sus propios pares, quienes cuestionan su capacidad de “hacerse cargo de la familia” o creen que el hecho de dedicarse a la crianza se relaciona al fracaso laboral, falta de oportunidades o incluso, a estar casado con una mujer dominante que sólo piensa en su propio desarrollo. Así, los nuevos modelos de familia deben surgir desde la comunicación profunda, entendiendo que en la medida en que todos dentro de la familia se potencien y desarrollen en sus propios caminos, contribuyendo, a la vez, al desarrollo de la familia como unidad, estamos optando a un modelo más sustentable y finalmente, más feliz.

Por nuestra parte compartir la crianza ha sido la premisa y hacemos de ella nuestra cultura familiar. Lógicamente esto puede significar un ingreso económico menor, no obstante, al cultivar la familia también estamos construyendo una sociedad más equitativa con niños y niñas que se desarrollan y crecen con la percepción de los roles compartidos. Donde el papá y la mamá mudan, cocinan, limpian, hacen dormir, leen cuentos, juegan, van a la plaza, construyen puentes y trenes, juegan a las muñecas, trabajan, estudian…etc. Así también podemos buscar maneras creativas para ser más ahorrativos en nuestra forma de cocinar, cultivando vegetales en el jardín o el balcón, postulando a algún fondo municipal con la junta de vecinos para hacer un cultivo de vegetales comunitario…Muchas son las formas de lograr lo que nos proponemos en el desarrollo humano, incluso compartiendo la crianza equitativamente cuando los padres no son pareja, o apoyándose de familiares en el caso de familias monoparentales. La invitación es a construir modelos de familia que eduquen a nuestros ciudadanos más pequeños en la equidad de género donde los hombres y mujeres contribuyen al desarrollo de una sociedad más justa y más cerca del amor que de las cosas materiales.

 

Impreso el 2014-05-04