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El Valle del Río Grande se ha convertido en el sector más activo de la Patrulla Fronteriza (casi la mitad de todos los arrestos a lo largo de la frontera se producen aquí) y la administración Trump lo ha designado como una ubicación privilegiada para una gran parte del muro que el presidente promete construir, pero que no ha logrado financiar.

Pero si llega el muro, ¿ayudará a detener a los contrabandistas de personas o los narcotraficantes?

Manuel Padilla dice que sí. Padilla, jefe del Sector del Valle del Río Grande de la Patrulla Fronteriza, que se extiende por 320 millas desde el Golfo de México hasta Falcon Lake, dice que el Valle se ha convertido en el punto de cruce favorito de los contrabandistas porque aún carece de las barreras erigidas en San Diego y El Paso.

“Si nos fijamos en la tecnología y la infraestructura... éste es el único lugar donde no las tenemos en esos niveles”, agregó.

Pero una de sus antiguas adversarias en la frontera, Norma Armendáriz, dice que Padilla está equivocado. La nativa de Laredo y hermana del ex líder de una banda del crimen organizado, José Antonio ‘El Comandante’ Armendáriz, dijo que si todavía estuviera en el negocio del contrabando, un muro no la frenaría, ya que “siempre hay un agente de la Patrulla Fronteriza o un aduanal dispuesto a aceptar un soborno”.

Armendáriz afirmó ganar entre 15 mil y 20 mil dólares por semana contrabandeando inmigrantes antes de ser arrestada en el 2012.

Y un traficante de mariguana acusado de transportar unas 50 toneladas de la hierba más allá de los retenes carreteros en el Condado de Starr, coincidió en que un muro no sería más que un pequeño inconveniente para los narcotraficantes.

Los propios informes del Gobierno muestran que los narcotraficantes traen su producto a Estados Unidos principalmente a través de los puertos de entrada, no por los parajes solitarios donde se construiría el muro.



Lo que los muros no pararán

Pero los planes para un muro fronterizo masivo –si el Congreso acepta pagarlo– han provocado una fuerte oposición de ambientalistas, propietarios y líderes políticos de ambos partidos.

Ninguna de las repercusiones –incluyendo pasadas demandas legales de los terratenientes, las cuales han durado varios años– ha disuadido a Trump de aferrarse a una de las razones fundamentales y una promesa que le redituó las más grandes carretadas de aplausos de su campaña del 2016.

Más recientemente, Trump ha vinculado el financiamiento de la valla a cualquier acuerdo para otorgar estatus legal a los inmigrantes indocumentados que se benefician de un programa conocido como DACA.

Aun así, aquellos que piensan que el ‘gran y hermoso muro’ de Trump detendría a todos o incluso a la mayoría de los inmigrantes indocumentados y las drogas ilegales que cruzan la frontera de México podrían estar equivocados.

Desde el 2007, el número de inmigrantes indocumentados que se quedaron más de lo previsto después de ingresar legalmente al país, habiendo cruzado un puente o puerto de entrada legalmente, superó con creces a los que se infiltraron ilegalmente, según un informe de 2017 del Centro de Estudios de Migración. Una pared no haría nada para detenerlos.

Las barreras físicas no son más útiles para detener la mayoría de las drogas ilegales porque la mayoría de ellas, como las personas, cruzan los puentes y los puertos de entrada.

Este hecho está oculto a simple vista todos los años en las primeras páginas de la Evaluación Nacional de Amenaza de Drogas de la DEA, que llama a las Organizaciones Criminales Transnacionales mexicanas (TCOs, por sus siglas en inglés) la ‘mayor amenaza criminal de drogas’ para el país.

“El método más común empleado por estas TCOs consiste en transportar drogas ilícitas a través de los puertos de entrada en vehículos de pasajeros con compartimientos ocultos o mezclados con bienes legítimos en remolques de tractor”, detalló el informe de 2017.

Los muros no detendrán eso, ni la droga que vuela a bordo de drones, arrojada desde catapultas, disparada desde cañones o enviada por correo.

En Texas, los contrabandistas usualmente introducen hierba sobre el Río Grande, pero tienden a esconder cosas costosas como la heroína –‘chiva’ en la jerga mexicana– en vehículos conducidos por puentes o puertos de entrada frente a los oficiales. La heroína mexicana ha contribuido a un gran aumento en las muertes por opiáceos en los últimos años, y están contrabandeando ‘chiva’ justo debajo de las narices de los policías en los cruces fronterizos.

Vencen muros con escaleras

Algunas de las personas que han contrabandeado inmigrantes y se ganan la vida con drogas ya tienen la solución para sortear el muro de Trump: escaleras, cuerdas y la promesa de lucro hecha a las personas correctas.

También, cuando los fiscales estadounidenses encarcelan a los traficantes adultos, ven luego a menores reemplazándolos en la frontera. Y cuando los políticos ven más agentes que protegen la frontera, los contrabandistas ven a más posibles cómplices a los que se puede sobornar para que miren hacia otro lado.

“Siempre tuvimos un vigía (pagado) de la Patrulla Fronteriza”, dijo Armendáriz; ella sirvió un año y medio en la prisión federal. “Patrulla Fronteriza, policías, quienes sean, van a querer obtener ese dinero”, afirma.

Armendáriz dijo que los muros podrían hacer que cruzar la frontera sea más difícil y llevar más tiempo, pero los contrabandistas operan vastas redes a ambos lados del río, dijo, y no van a detener el tráfico mientras haya dinero en él.

Entre más difícil la tarea, más redituable es, indica.

Las tarifas de los contrabandistas de personas eran de entre mil y 3 mil dólares por inmigrante hace una década. Ahora alcanzan los 8 mil dólares por cabeza.

Eso no incluye honorarios y sobornos pagados por viajar a través de México para llegar a la frontera. Y los precios son más altos para los ‘no mexicanos’, particularmente los de Asia, Medio Oriente o Sudamérica.

Los ‘coyotes’ han usado sus ganancias para financiar esquemas de contrabando cada vez más elaborados, desde la construcción de túneles hasta autos y camiones ‘clonados’ para que parezcan vehículos federales.

A medida que las ganancias crecieron a mediados de la década de 2000, los cárteles que controlan el acceso a la frontera también comenzaron a ejercer un mayor control sobre el tráfico de personas, dicen los expertos.

César Castellanos, de 32 años, un migrante guatemalteco capturado por uno de los agentes de Padilla en el Sector del Valle del Río Grande en octubre, dijo que no se atrevió a cruzar sin pagar al cártel por el derecho.

“Pagué el impuesto”, dijo. “Si no lo pagas, te matan”, advierte.

Las tendencias de precios cada vez mayores del contrabando y la mayor participación de los cárteles en el tráfico de migrantes han conspirado para producir otro fenómeno inquietante en la frontera: la mochila, en la que los migrantes aceptan llevar una bolsa llena de droga a través de la frontera en lugar de pagar tarifas de los ‘coyotes’ que ya no pueden costear.

Por otro lado, la legalización de la mariguana en algunos estados de EU ha cambiado el esquema del contrabando de drogas en la frontera... a favor de los narcotraficantes.

Como ya hay menos dinero por enviar mariguana al ‘Norte’, ahora mayormente trafican con heroína y metanfetaminas, que tienen mayores márgenes de ganancia y son más fáciles de transportar.
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