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La noche del domingo 1 de octubre de 2017, un atacante abrió fuego desde dos ventanas de una habitación del hotel Mandalay Bay Casino, en Las Vegas, contra una multitud que asistía a un festival de música country. El responsable del el tiroteo más mortífero de la historia moderna de Estados Unidos fue Stephen Paddock, de 64 años, quien abrió fuego despiadadamente y mató a 58 personas e hirió a otras 500. Las autoridades encontraron 23 armas de fuego, varios explosivos y miles de balas en la habitación del hotel donde se hospedaba Paddock. Además, otras 19 armas fueron halladas en su residencia de Mesquite. 

Este caso, originó una alarma para toda la población estadounidense, principalmente porque este sujeto obtuvo un arsenal de armas de fuego y ningún ente pudo descifrarlo, de tal manera que tuvo que ocurrir esta masacre para poder conocer la vida oscura y perversa que llevaba este Paddock. Luego del mortal tiroteo, las corporaciones de ventas de armas aumentaron. Las acciones de Sturm Ruger subieron un 6% y American Outdoor Brands, ocupó cerca del 7%. 

Por otro lado, ninguna de las asociaciones de ventas de armas se promulgó antes estos hechos violentos. La Asociación Nacional del Rifle (NRA) ha construido un sistema efectivo de conspiración y una máquina política poderosa en Washington, y que ha mostrado su disposición de apoyar a quienes los apoyen a ellos, este siendo uno de los principales factores por el cual los senadores se queden de manos cruzadas ante la confiscación de armas en los Estados Unidos. 

Algunas leyes propuestas estrictamente para el control de ventas de armas nunca fueron materializadas, ya que La Asociación Nacional del Rifle haya manipulado ciertas opiniones de quienes exigían el decomiso de armas de fuego a nivel nacional. El poder que tiene (NRA) va más allá de la simple comercialización de armas, es un negocio cerrado entre esta asociación y el Congreso. 

Una vez más el control de armas quedó fuera de la agenda del actual presidente Trump, luego de que al parecer la Casa Blanca llegó a la conclusión de que la política sobre ese asunto era imposible. Entonces de allí nace la interrogante ¿Deben caer más personas para que esto cambie? Ya es hora del que el Congreso coloque mano dura al asunto, no pueden seguir muriendo personas inocentes.



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