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Aunque deseo hacer lo bueno, no soy capaz de hacerlo. De hecho, no hago el bien que quiero, sino el mal que no quiero. ... ¡Soy un pobre miserable! ¿Quién me librará de este cuerpo mortal? ¡Gracias a Dios por medio de Jesucristo nuestro Señor! - Romanos 7:18-19, 24-25 

“Yo quise abandonar ese mal hábito, pero volví a hacerlo.” ¿Le sorprende a usted que aunque usted es cristiano, y tiene corazón que quiere seguir a Dios, usted todavía lucha contra impulsos pecaminosos, y muchas veces cae? 

Usted no es el primer cristiano que se siente de esa manera. Hace casi 2000 años el apóstol Pablo escribió: “Aunque deseo hacer lo bueno, no soy capaz de hacerlo. De hecho, no hago el bien que quiero, sino el mal que no quiero.” Antes de ese versículo, él explicó por qué era así. Él escribió: “Yo sé que en mí, es decir en mi naturaleza pecaminosa, nada bueno habita.” 

Cuando Dios lleva personas a la fe en Cristo, los cubre con el perdón de Cristo y los declara completamente santos. Él crea en ellos un nuevo corazón que ama al Señor y quiere andar en sus caminos. Pero mientras que estamos en esta vida, el viejo y pecaminoso ser, que tenemos desde la concepción, todavía quiere hacer lo malo y lucha contra los buenos deseos del nuevo corazón que Dios creó dentro de nosotros. 

Por eso todavía cada día los cristianos luchamos contra el pecado. Frecuentemente tropezamos y hacemos cosas pecaminosas que nuestro nuevo corazón no quiere hacer. ¡Y nos frustramos! Pablo escribió: “¡Soy un pobre miserable! ¿Quién me librará de este cuerpo mortal?” 

Pero hay buenas noticias: “¡Gracias a Dios por medio de Jesucristo nuestro Señor!” Aunque cada día luchamos, Dios ya nos ha perdonado por causa del perfecto sacrificio de Jesús que fue el pago completo de todos nuestros pecados. Finalmente, Jesús vendrá y nos llevará con él al cielo. Allá no habrá pecado, ni alrededor de nosotros, ni dentro de nosotros, contra el cual tengamos que luchar ni que nos arrastre. 

Siga esperando ese día. Mientras tanto, deje que su lucha diaria contra el pecado le haga apreciar aún más qué bueno es que Jesús es nuestro Salvador, y estar cubierto por su misericordia y perdón. 



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