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Ante esas condiciones, se estima que para 2025 se incrementará 59 por ciento (100 millones de personas) la incidencia de está enfermedad respiratoria, que tiene un componente hereditario y factores ambientales como el polvo y el polen, entre otros, la exacerban. 

Otras causas a considerar son los cambios de temperatura y la contaminación que desencadenan crisis asmáticas en los pacientes que la tienen. 

Por ello es fundamental tener un diagnóstico preciso, así como informar al paciente sobre cómo utilizar los medicamentos, ya que “si no hay esos dos elementos el riesgo es desarrollar Enfermedad Pulmonar Obstructiva Crónica (EPOC)”, subrayó Renee Aalbers, alergólogo y miembro del Comité Científico del Hospital Martini, en Holanda. 

En tanto, el catedrático de farmacología de la Facultad de Medicina de Valencia, Juan Vicente Esplugues, señaló que el tratamiento debe ser integral con broncodilatadores y algún desinflamatorio corticoesteroide, ya que entre 50 y 75 por ciento de los pacientes no controlados están en riesgo de sufrir exacerbaciones. 

En conferencia de prensa, el director del Centro de Asma y Alergia de México, Carlos Léon, destacó que los síntomas de la enfermedad son tos, opresión en el pecho y silbidos al respirar. 

Esta enfermedad crónica se presenta en los primeros cinco años de edad, y entre la niñez y la adolescencia algunos pacientes reportan mejoría, pero 30 por ciento de los que mejoran pueden recaer después de los 30 años de edad. 



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