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"Bendito el que viene en el nombre de Jehová" • Salmos 118:26

 

"Todo lo que quiero para Navidad son mis dos dientes frontales". Tal vez usted reconozca estas palabras de una famosa canción de Don Gardner. El objetivo principal del niño era tener sus dos dientes frontales para poder desearles a las personas una Feliz Navidad. Parece muy simple, muy libre de estrés, muy poco exigente.

 

¿Recuerda una ocasión como esa? ¿Recuerda una ocasión en que el mundo pareciera tan libre de estrés? ¿Recuerda una época en que la vida fuera muy simple?

 

La Navidad está a la vuelta de la esquina. Las señales han sido palpables ya por algún tiempo.  Las decoraciones de Navidad han estado en los almacenes por varios meses. Desde el Día de Acción de gracias algunas estaciones de radio han estado transmitiendo música de Navidad sin parar, recordándonos cuántos días faltan para Navidad. ¡Tenemos mucho que hacer!

 

¡Decoración! ¡Fiestas! ¡Regalos! Y los niños ya no piden solamente sus dos dientes frontales. Ellos quieren un X-Box 360, un PS3, y un IPods para estar felices. ¿Pero puedo estar feliz cuando estoy quebrado por la Navidad?

 

Para esta estación de Navidad, recuerde este versículo bíblico del Salmo 118:26: "Bendito el que viene en el nombre de Jehová". Hubo un tiempo en que Dios nos mostró algo muy simple, muy libre de estrés, muy poco exigente. Sucedió hace aproximadamente 2.000 años.

 

Los pastores fueron a visitar al niño que había nacido. No reyes, no reinas, ni gobernantes: solamente humildes pastores. Y cuando llegaron, este bebé no parecía tan especial. No había hospitales lujosos, ni doctores, ni enfermeras. Solamente María y José y su hijo el niño Jesús envuelto en sábanas y yaciendo en un pesebre. Muy simple, muy libre de estrés, muy poco exigente.

 

Y sin embargo, este es el lugar en donde encontrará su respuesta cuando parezca estar quebrado por la Navidad. ¡Haga lo que hicieron los pastores! Vaya a Belén esta Navidad. Mire en el pesebre y vea a su Salvador.

 

No, no encontrará dinero adicional para restaurar el balance en su libreta de cheques. Pero encontrará felicidad para su alma. Encontrará al Salvador que nunca lo dejará. Y encontrará al Salvador que llenará, su libro espiritual de cheques, con muchas bendiciones que nunca pueden agotarse. 

 

Porque allá, en el pesebre, ¡encontrará a Jesús!

 

 

 



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