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Hoy la  lluvia cayó sobre mi rostro y se confundió con mis lágrimas. Hoy es 22 de octubre.

Hace dos años que no te veo  y estoy recorriendo el mismo lugar donde siempre nos escontrábamos.

Este lugar era como otro  mundo donde solo existíamos vos y yo. Hoy es un día muy triste porque estar aquí, sin vos, es sentir el vacío más grande que un corazón puede sentir sin su otra mitad. Recuerdo tus palabras tan bonitas, recuerdo  tus caricias y tus besos llenos de pasión. Estoy escuchando tus mensajes en el teléfono,  para recordar tu voz.  Miro hacia el cielo y pido el milagro de que algún día pueda  vivir junto a vos. Las hojas caen de los árboles  e irónicamente  parece como  una lluvia de lágrima que acompañan mi dolor. El viento frío me hace recordar tu ausencia y me hundo en esta pena que no tiene control.  Mi llanto es tan profundo como el primer día de nuestra separación. Mi mirada se pierde entre el paisaje, respiro  profundo para tomar fuerzas y salir de nuestro  lugar, y en ese momento veo alguien llegar. No lo podía creer, parecía un sueño pero  a su vez, sabía que me buscarías este día, mi dulce amor. Bajé de mi auto y vos del tuyo, nos quedamos mirando el uno al otro y en ese  mismo momento sentí que los dos nos perdonamos todo sin decir una palabra, solo lo hacíamos con el alma y con el corazón. Corrí hacia tus brazos donde quiero vivir para siempre y nunca más alejarme de vos. Me abrazaste, acariciaste mi cabello que tanto adorabas apreciar  y me dijiste: ¡Te amo! Al escuchar tus palabras, me di cuenta que estar separados fue como siempre vos lo llamaste: “Un atentado contra nuestro amor”.  Pero el presente le dio otra oportunidad  a lo nuestro, y eso es lo que cuenta hoy. Me siento inmensamente feliz, hoy es 22.

Autora, Isabel Calione.


 

 



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