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Estamos en medio de la “temporada Navideña”. Los comerciales y los programas especiales en la TV tratan de dictaminar cómo debe ser la vida en esta época del año. Muchas veces vemos familias que sonríen y ríen; pero, ¿cuántas veces en nuestra vida se ve y se siente en verdad algo parecido a esos momentos que vemos en las películas y en la TV? ¿Está nuestra vida en esta temporada llena de risas y de alegría, o está sobre todo llena de estrés y ansiedad? El caos de esta vida y el torbellino de horarios cada vez más ocupados nos pueden dejar con frustraciones en vez de la alegría que deseamos. 

El dolor y las dificultades de esta vida, ya sea en esta época del año o en cualquier momento, no deberían ser una sorpresa. Estamos viviendo en los Tiempos del Fin, los últimos días antes de que llegue el fin del mundo, los días cuando el amor de muchos se enfría. ¿Y, entonces, qué? ¿Qué diferencia hace eso? Dios dice con claridad que no debemos sorprendernos cuando la vida no sea como el ideal de Hollywood. En efecto, por causa del pecado en este mundo, Dios dice que esta vida va a ser un problema. Incluso nos advierte que la maldad se incrementará en los últimos días. 

Sin embargo, vivimos en los tiempos del fin como un niño que mira el calendario esperando la Navidad. Esperamos con la misma emoción ansiosa porque también estamos esperando un regalo. No estamos esperando juguetes envueltos en papel brillante; esperamos la venida de algo mucho mejor. Como escribió el apóstol Pablo en la Biblia: “Considero que en nada se comparan los sufrimientos actuales con la gloria que habrá de revelarse en nosotros” (Romanos 8:18). 

Dios prometió un Salvador en la escena misma del primer pecado en el mundo. Y cumplió la promesa cuando envió a Jesús a pagar el precio de los pecados de cada uno, a morir en la cruz. Cristo es el mejor regalo porque por la fe en Él, tenemos el perdón de Dios; confiando en Jesús, somos hijos de Dios. Y como hijos suyos, seguimos esperando el resto del regalo: que nos rescate de este mundo de dificultades y nos lleve a la vida eterna en la que solo existe el bien. 

 

La obra de Jesús por nosotros, su muerte y su resurrección, nos da la seguridad de su amor. Si bien puede haber momentos oscuros en esta vida, ninguno de ellos cambia el amor de Dios; ahora él está con nosotros para ayudarnos a pasar por los tiempos difíciles. Gracias a Jesús y al don de la salvación que él ganó para nosotros, finalmente Dios nos llevará a estar con él por siempre en el cielo. ¡Es en verdad, el mejor regalo navideño de Dios para nosotros. Porque es un regalo, no nos cuesta nada. Es nuestra solo por la fe. 



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