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 Un hombre se encuentra en la sala de recuperación, después de una seria cirugía del corazón que le salvó la vida. El cirujano entra en la sala y se pone de rodillas al lado de la cama. Con lágrimas en los ojos, el médico dice: “¡Gracias¡ ¡Gracias! ¡Gracias! ¡No puedo agradecerte lo suficiente por lo que has hecho por mí!” 

Hay algo raro detrás de esa escena. ¿No debería ser el paciente el que le esté dando las gracias al médico? Después de todo, ese cirujano le salvó la vida. El paciente tiene una gran deuda de gratitud con ese profesional de la salud. 

Muchas personas le dan la vuelta al bautismo, piensan que es algo que nosotros hacemos por Dios, que es una manera de demostrar obediencia a él. Eso parece correcto; después de todo, los padres son los que llevan a sus hijos a la pila bautismal. Sin embargo, en el bautismo es Dios el que en realidad hace algo por nosotros. 

Y en el bautismo Dios hace cosas maravillosas por nosotros. El apóstol Pedro dijo: “Arrepiéntase y bautícese cada uno de ustedes en el nombre de Jesucristo para perdón de sus pecados, y recibirán el don del Espíritu Santo” (Hechos 2:38). Con esas palabras, Pedro anuncia dos de las maravillosas bendiciones del bautismo: el perdón de los pecados y el don del Espíritu Santo. 

“Todos han pecado y están privados de la gloria de Dios” (Romanos 3:23). Todos somos pecadores. El pecado nos aparta de Dios. El pecado nos quita las bendiciones que él quiere que tengamos. El pecado nos mantiene fuera del cielo. Así que Dios hizo algo respecto del pecado. Envió a Jesús, su Hijo. Jesús vivió perfectamente en nuestro lugar, murió en la cruz para pagar nuestros pecados y resucitó para darnos la seguridad de la vida eterna. En el bautismo, Dios nos da el perdón que Jesús ganó para nosotros. 

La otra bendición, el don del Espíritu Santo, es la fe o la confianza en Jesús. La fe es la mano que recibe todas las bendiciones que Jesús ganó para nosotros. En el bautismo, Dios obra de manera milagrosa la fe en nuestro corazón para que no perdamos ni una sola de las bendiciones que Jesús ganó para nosotros. Por medio de la fe que obra en el bautismo, Dios nos da todas las bendiciones que ganó nuestro Salvador: el perdón de los pecados, una nueva vida de paz y esperanza, y la vida eterna en el cielo. 

 

¿Es importante el bautismo? ¡Por supuesto! Dios obra en nosotros por medio del bautismo. Por medio del bautismo, Dios nos salva. 



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