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Es, pues, la fe la certeza de lo que se espera, la convicción de lo que no se ve. • Hebreos 11:1

 

Es increíble que con sólo unos pocos clicks en un computador, podamos modificar las fotografías de forma radical. Posibilidades como esas nos han llevado a ser un poco más cautelosos. Muchas veces decimos: "A menos que lo vea con mis propios ojos, ¿cómo puedo saber que eso no ha sido retocado? Lo creeré cuando lo vea".

 

A menudo esta actitud cínica puede llegar hasta nuestra vida espiritual. ¿Cómo puedo creer que Dios me ama y que sabe lo que está pasando en mi vida, considerando todos los problemas y decepciones con las que tengo que lidiar?

 

No es muy difícil ver qué pensaba uno de los discípulos de Jesús cuando replicó: "Si no veo en sus manos la señal de los clavos y meto mi dedo en el lugar de los clavos, y meto mi mano en su costado, no creeré" (Juan 20:25). Lo creeré cuando lo vea.

 

Eso está en diametral opuesto contraste con lo que leemos en la Biblia: "Es, pues, la fe la certeza de lo que se espera, la convicción de lo que no se ve". ¿Cómo podemos tener seguridad y certeza de cosas que no podemos ver, que no podemos probar?

 

Piense en un padre y en un hijo que juegan a que el niño se deja caer hacia atrás, mientras el padre está parado detrás. El hijo, que no puede ver a su padre, aún así confía en que él está ahí y en que no lo dejará caer al piso. El hijo se tira hacia atrás, completamente convencido de que su padre mantendrá su palabra y lo sostendrá, porque su padre siempre ha demostrado ser digno de confianza.

 

"Es, pues, la fe la certeza de lo que se espera, la convicción de lo que no se ve". Aunque nosotros no vimos la creación ni la crucifixión, aunque no estuvimos presentes para ser testigos de la resurrección del Salvador levantándose del sepulcro, aunque no hemos escuchado su voz perdonando nuestros pecados y prometiendo su regreso, nosotros creemos.

 

¿Cómo podemos estar tan seguros y tener tanta certeza? La palabra de Dios es verdad y fidedigna. Nuestro perdón es cierto porque Jesús murió y resucitó de la muerte. El amor de Dios por nosotros hoy en día y todos los días es seguro. Nuestro Padre mantendrá cada promesa que ha hecho con respecto a nuestro futuro eterno.

La fe es seguridad y certeza de las cosas que  no vemos, simplemente porque Dios dio su palabra.

 



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