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En una tarde soleada, decidí caminar por mi pequeño pueblo, en el cual estaba de visita. Siempre encontraba la oportunidad de pasar por el lugar que me vió nacer, eso me llenaba de alegría.

Caminando por las calles, iba saludando a la gente que estaba conversando en las aceras de sus casas y de los comercios. Se hacía muy placentero recorrer el vecindario. Al salir del centro del pueblo, en una pequeña plaza que usualmente está desolada, algo me llamo la atención: ví una joven sentada en uno de los bancos. Nunca la había visto antes, su rostro reflejaba un aire de tristeza. Su cabello era ondulado, su piel estaba bronceada y su vestimenta era delicada. Mi curiosidad por esa muchacha crecía a cada instante. Disminuí mi paso para animarme a saludarla, hasta que llegué a su lado.

Buenas tardes, joven. ¿Cómo está? -Ella me miró y me observó con una mirada profunda y dulce, y a su vez, triste. Parecía que sus ojos habían estado derramando lágrimas. Ella sonrío y me contestó.

Buenas tardes, señor. Estoy bien, gracias.

Disculpe que la moleste. Estoy de visita en mi pueblo y me llamó la atención verla aquí, quiero decir, verla sentada en este banco, es muy raro ver a alguien en esta plaza.

Es verdad señor, nunca veo a nadie sentarse en esta plaza, siempre estoy sola. Parece que nadie ha descubierto lo especial que es este lugar.

¿Por qué es tan especial para usted? —Al hacerle esa pregunta, ella me miró fijamente, parecía que estaba invadiendo su privacidad.

Disculpe… no tendría que haberle hecho esa pregunta, mejor me retiro. Que pase bien el resto del día.

Por favor, no se vaya, no tiene que pedir disculpa. Primero me presentaré, mi nombre es Jazmín.

Mucho gusto Jazmín, mi nombre es Eduardo.

El gusto es mío, Eduardo. Le responderé su pregunta. Este lugar es muy especial para mí porque estoy lejos de mi ambiente, lejos de mis obligaciones y relaciones personales. En este lugar siento que nada me afecta, aquí encuentro paz.

¿Qué significa la paz para usted, Jazmín? —Ella me miró sorprendida por mi pregunta.

Bueno, la paz es un estado de armonía. Cuando tengo conflictos con personas que quieren hacerme daño y romper mi tranquilidad, eso me ponen mal. Las desilusiones con personas que aprecio, no me dejan sentir paz.

Ella bajó la mirada y quedó en silencio. Sentía muchos deseos de abrazarla y protegerla, podía percibir que estaba pasando por momentos difíciles.

Jazmín, ¿le puedo decir lo que pienso sobre la paz?

Claro que sí.

La paz es lo contrario al conflicto, a la violencia. Confrontar nuestros propios sentimientos o no admitir lo que nos pasa, a veces nos lleva a no tener paz. Para mí la paz está en nuestro interior y es como una virtud de tolerancia con las demás personas. La paz no comienza desde afuera, sino desde muy dentro del ser humano. La paz es sentir tranquilidad en nuestras vidas. Se encuentra en nuestro corazón y en nuestra alma. Cuando experimentemos ese sentimiento encontraremos paz no soló en este banco, la encontraremos en todos los lugares que vayamos. Por lo que puedo observar su manera de encontrar paz es alejándose de los conflictos. Para mí es una clara imagen de no querer ser herida. No tenga miedo, no huya. Sienta amor sin miedo en su corazón y encontrará paz.

Ella me miró muy atenta y pensativamente. Por momentos pensé que no le gustó lo que le había dicho. Se quedó callada sin decir nada, hasta que miró hacia el cielo. Luego me miró, se levantó y me dijo:

Usted me trasmite paz. Hoy usted me enseñó algo muy importante. Fue muy lindo conocerlo.

El gusto fue mío, Jazmín. Pasaré por esta plaza en otra oportunidad, tal vez la pueda ver otro día.

No creo que lo vuelva a ver aquí. —Ella sacó un papel y un lápiz de su bolsa de mano y comenzó a escribir algo. Cuando terminó, me pidió que abriera mi mano, puso el papel en ella y la cerró.

Gracias por la charla. ¡Adiós!

Jazmín se retiró y yo me quedé observándola mientras ella caminaba hasta que se perdió de mi vista. Abrí mi mano y rápido me fijé en lo que ella había escrito en el papel, que decía:

Buen hombre, no lo veré más en este lugar porque hoy aprendí que la paz que busco es espiritual. Necesito calmar mi alma y abandonar el temor de ser herida. Alejarme de las personas o de las situaciones y sentarme en un banco de una plaza, no es la solución. Tendré paz y esa virtud de tolerancia que usted mencionó. Le dejo mi número de teléfono para que me llame y nos encontremos algún día para tomar una taza de café. El lugar lo elije usted, sea cual sea, la paz estará conmigo”.

 


Isabel Calione/Autora

 

Abril, 2015



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