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Carta etérea al maestro Cabral desde Guatemala


Recordado maestro:  Sírvase disculparme antes que nada por la tardanza en dirigirle esta carta. En realidad lo hice a propósito. Quería esperar a que las agitadas aguas del océano de indignidad que provocó su vil asesinato, comenzaran a apaciguarse un poco, aunque mientras no se esclarezcan los móviles del hecho y no se castigue debidamente a los culpables, me temo que no podremos recobrar tanto la calma de conciencia como la dignidad.

 

En lo personal, no me perdonaré el hecho de haber desperdiciado la oportunidad de oro de asistir al que fue su último concierto a escasas cuadras de mi casa aquí, en Quetzaltenango, Guatemala. Me dejé vencer por el cansancio y el sueño después de un día pesado de trabajo, pero, no hay justificación.

 

Al dolor de su muerte, maestro, se suma inevitablemente el dolor del vacío que nos dejó su palabra y que ahora quedará, como dijo el cantante cubano Pablo Milanés en "El breve espacio en que no estás". No tiene idea maestro, del cataclismo enorme, del tsunami colosal que ocasionó en Guatemala y el mundo -especialmente entre la humanidad de avanzada y pensante- su repentina y dolorosa partida.

 

Usted estaba consciente, claro, al igual que toda la legión de admiradores que le seguíamos y estábamos pendientes de usted, que su salud era cada día más precaria; que un cáncer inmisericorde se lo estaba llevando y, por lo mismo, usted y nosotros sabíamos que la "última función" estaba ya muy cerca. Pero no es justo ni admito de ninguna manera que usted querido maestro, haya sido una víctima agregada, una estadística más de la maldita violencia, de la corrupción, del narcotráfico y de toda la podredumbre que está aniquilando inexorablemente a nuestras endebles sociedades y a nuestra democracia de cartón.

 

No es justo, le repito, y peor aún, amargamente paradójico, que usted que hizo de su vida un apostolado cuyas banderas más claras y nobles fueron el amor, la paz, la solidaridad y la no violencia a través de sus canciones, haya caído defendiendo tan supremos ideales, que entre muchos reconocimientos internacionales, también le valieron una nominación al Premio Nobel de la Paz, lo que dice cuán grande fue su obra y proyección. Tampoco es justo que usted, que siempre se acordó de Dios y decía públicamente  que le pedía a El una muerte tranquila, pues para eso llevaba una vida tranquila, no pudiera disfrutar de ese privilegio que bien se merecía.

 

Recuerdo aún, vividamente, hace unos pocos meses cuando nos reuníamos con Matías Menis, Wilfredo Rivera y otros buenos amigos del Club de Periodistas y Escritores de Oklahoma City, en una de nuestras sesiones bohemias, en la cual disfrutamos de una espléndida cena acompañados de su música. !Que deleite para el espirítu y el buen gusto disfrutar de su arte! ese arte que hoy nos queda como legado imperecedero, junto con sus profundas reflexiones filosòficas que buscaban con denuedo hacer de este, un mundo mejor.

 

En el corazón de Guatemala, Latinoamérica y el mundo, vivirá usted eternamente, pues los hombres del calibre y la talla moral como usted, se ganan a pulso un lugar en la historia, en la mente y el corazón de las personas. Por todo esto es que hoy no le digo "adiós", pues esa despedida es para los que mueren sin dejar huella positiva en este mundo y pronto pasan al olvido... a usted le digo simplemente: BUENAS NOCHES, DON FACUNDO.

 



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